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Marian Wright Edelman's La Columna Child Watch®: "La detención injustificable de un menor de edad"

Release Date: May 25, 2007

¿Qué pasa por la mente de un policía cuando le está poniendo las esposas a un niño? No es una pregunta retórica. El 13 de marzo, un agente de la policía arrestó a Gerard Mungo, Jr., un niño de siete años de edad, en su domicilio en un humilde vecindario afro americano de Baltimore, Maryland. En base a la declaración del policía afirmando que el niño había estado montando su bicicleta en la acera, detuvieron a Gerard y lo llevaron al cuartel de la policía. Allí un agente le tomó las huellas digitales y su fotografía para las fichas policíacas. Según los reportajes periodísticos, lo esposaron a un banco en el cuartel y lo interrogaron. No relato los hechos de la detención de un sospechoso de homicidio o un cabecilla del narcotráfico. Se trata de un niño negro de siete años.

Entre el sinnúmero de detalles alarmantes de este incidente está el hecho de que no es un caso único. La detención de niños negros e hispanos, en su mayoría de vecindarios pobres, es una inquietante realidad que se vuelve cada día más común. Los que se llevan esposados son cada vez más jóvenes. Al detener a Gerard, la policía lo llevaba al imponente portón de Norteamérica en la “Vía de la Cuna a la Prisión”. Esta “Vía” canaliza decenas de miles de niños y jóvenes por caminos que conducen a la detención, la condena, el encarcelamiento y hasta la muerte.

En su nueva e importante Iniciativa en torno a la Vía de la Cuna a la Cárcel, el Fondo para la Defensa de los Niños halló que esta trayectoria hacia la prisión consiste de un complejo conjunto de elementos sociales, económicos y políticos. Entre ellos se destacan la pobreza y el factor de la raza. Pero además incluyen familias que luchan por su subsistencia, comunidades pobres y económicamente deprimidas, acceso limitado al cuidado de la salud física y mental, escuelas que no se desempeñan adecuadamente, sistemas encargados del bienestar de los niños y de la justicia juvenil fracasados o injustos, la desigual aplicación de la ley y una actitud política que favorece el encarcelamiento frente al desarrollo de los niños.

A pesar de que sólo representan el 34 por ciento de la población adolescente de Estados Unidos, los jóvenes minoritarios representan el 62 por ciento de todos los jóvenes detenidos. Con respecto a los delitos violentos, la probabilidad de que un joven negro vaya a la cárcel es 9 veces mayor que la de un joven blanco norteamericano. En el caso de los adolescentes latinos, la probabilidad es 5 veces mayor. Entre los jóvenes que nunca han ido a prisión, la probabilidad de que sean encarcelados es 13 veces mayor para un joven hispano que para uno blanco si violan leyes pertinentes a las drogas. En este caso, la probabilidad para un joven afro americano es 48 veces mayor que para un joven blanco norteamericano.

Vuelvo a mi pregunta inicial. Cuando un policía esposa las muñecas de un niño, ¿no le dice el sentido común que está haciendo algo que no debe? Y hay otras preguntas. ¿No era capaz este policía de distinguir entre un niño joven y un peligroso criminal adulto? ¿Se ha vuelto insensible a la idea de que semejante cosa le pase a su propio hijo o sobrino? Un agente policial de mayor rango señaló que el policía pudiera haber escogido entre otras alternativas tales como hablar con los padres o sencillamente confiscar la bicicleta. ¿Por qué no recurrió a una de estas opciones? Todo el caso nos deja con interrogantes inquietantes y hasta el presente sin resolución.